Ciudad de cajones (El escritorio antropomórfico) Salvador Dalí, 1936.

Ciudad de cajones (El escritorio antropomórfico) Salvador Dalí, 1936.

Imagine un cuerpo que es a la vez humano y mueble, donde los cajones reemplazan la piel. Cada compartimento guarda secretos, deseos ocultos, recuerdos olvidados, miedos que no se atreven a salir. Dalí se inspiró en los “Caprichos” del pintor barroco italiano Bacciarelli, donde los personajes y objetos adquirían formas fantásticas, casi teatrales. Pero Dalí fue más allá, transformó esos muebles-humanos en un espejo del inconsciente, haciendo visible lo invisible. Abrir un cajón no es solo abrir un mueble, es asomarse a la mente, al laberinto de la psique humana.

La obra transmite que la mente es un territorio secreto, lleno de capas ocultas que solo el psicoanálisis puede enseñar. Cada cajón simboliza un fragmento del alma, un deseo reprimido o un recuerdo que persiste en las sombras. Al mismo tiempo, la pieza recuerda que vaciarse de traumas y fantasías nos hace más desvalidos, pero también más humanos, perder un cajón es perder parte de uno mismo, pero conocerlo es descubrir un mundo entero.

Dalí afirmó: “El cuerpo humano está lleno de cajones secretos que sólo el psicoanálisis puede abrir”. Su llegada a París y su entrada en el surrealismo no fueron pasivas, se ganó el apodo de la “máquina de pensar” gracias a su ingenio y a su conocimiento profundo de Freud y Lacan. Para Dalí, pintar no era solo crear imágenes; era explorar la mente humana, enseñar lo que permanece oculto y exponer  que cada persona es un universo de secretos esperando ser descubierto.

En cada cajón, un secreto. En cada secreto, un mundo.

Reflexión-poesía inspirada en la obra:

Entre cajones y sombras se despliega la memoria,
cada deseo y cada miedo se mezcla en silencio.
La madera guarda lo invisible,
y en cada apertura, la mente se descubre a sí misma.

 

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