(Dorada a la sal).
En Cataluña el pescado suele ser de agua salada, abundando las recetas con rape, mero y otros pescados que aguantan las largas cocciones de los suquets y sopas de pescado, a veces con arroz.
Los pescados de roca (como el rape y el cabracho o escórpera) son muy apreciados. Otros pescados blancos que también se comen son el gallo, el lenguado o la merluza. El pescado azul es especialmente popular, en especial las anchoas, las sardinas (sobre todo las más pequeñas), la caballa y el atún. Tampoco puede faltar el bacalao desalado.
El pescado en filetes suele comerse frito, pasado por harina y a veces huevo, o a la plancha.
También en cazuelas de barro con hortalizas y normalmente un sofrito y una picada. Las sopas de pescado son frecuentes y variadas. Al horno suele prepararse en panadera (con rodajas de patata y tomate).
La dorada a la sal trata de una técnica histórica de la cultura mediterránea, la cocina a la sal se aplica a pescados e incluso mariscos para preservar su textura y su jugosidad.
Básicamente, consiste en recubrir con sal gorda, algo humedecida con agua, el pescado (con cabeza, piel, espinas y casi siempre con escamas) para cocerlo en el horno. A veces, se incorpora clara de huevo para darle consistencia. Una vez asado, se elimina la costra exterior endurecida -casi parece una armadura- por el efecto de la cocción y se limpia para extraer los lomos (lo normal es quitar la piel porque tiene exceso de sal).
Este método impide que se escapen los jugos, mantiene el punto de sal, ya que le aporta de manera casi mágica por ósmosis la cantidad de sal que necesita el pescado y preserva el sabor original del pescado (incluso lo concentra), dando lugar a un bocado jugoso y muy sutil y, en ocasiones, hasta potencia el sabor de los más anodinos.
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