Vilassar, tierra de rosas.

Vilassar, tierra de rosas.

Hablar de rosas en Cataluña es hablar también del Maresme. Durante buena parte del siglo XX, los municipios situados entre Barcelona y la costa del Maresme desarrollaron una importante tradición de floricultura, hasta convertir esta comarca en uno de los grandes territorios productores de flor cortada de Cataluña.

Dentro de este paisaje agrícola destacaron especialmente Vilassar de Mar, Vilassar de Dalt, Premià de Mar, Premià de Dalt, Cabrils, Cabrera de Mar, Tiana, Sant Andreu de Llavaneres y Santa Susanna, entre otros municipios.

El protagonista histórico de la floricultura maresmenca fue inicialmente el clavel, pero posteriormente se incorporaron gladiolos, rosas, gerberas e infinidad de plantas ornamentales. Las condiciones naturales de la comarca —temperaturas relativamente suaves, abundante luminosidad, suelos permeables y drenantes y disponibilidad de agua— favorecieron el desarrollo de estos cultivos.

La historia de la rosa del Maresme es también la historia de una transformación: de los campos agrícolas y los invernaderos familiares a un sector cada vez más profesionalizado y, posteriormente, a una producción local mucho más reducida debido a la competencia internacional.

El Maresme, tierra de flores

La tradición florícola del Maresme es anterior a la gran expansión del siglo XX. En Premià de Mar existen referencias que sitúan los inicios de la floricultura alrededor de 1832.

Sin embargo, el gran cambio llegó en las primeras décadas del siglo XX.

En 1922-1923, Beniamino Farina, de origen italiano y establecido en Vilassar de Mar, introdujo el cultivo comercial del clavel en la zona. La actividad se extendió posteriormente por otros municipios del Maresme y terminó transformando profundamente el paisaje agrícola.

El propio Museu de Vilassar de Mar explica que, después de la decadencia de otros cultivos, la agricultura local se orientó hacia la huerta, la patata y la flor cortada, y que durante los años sesenta la floricultura llegó a tener una gran importancia económica y exportadora.

El cultivo floral se fue diversificando y, además del clavel, aparecieron rosas, gladiolos y otras plantas ornamentales. La expansión de los invernaderos permitió controlar mejor la temperatura, la humedad y los ciclos de producción.

El Maresme llegó así a convertirse en una comarca estrechamente relacionada con la flor cortada.

Vilassar de Mar, uno de los grandes centros de la floricultura catalana

Vilassar de Mar ocupa un lugar especialmente importante en esta historia.

El municipio fue uno de los principales núcleos de producción y comercialización de flor cortada de Cataluña. La creación del Mercat de Flor i Planta Ornamental de Catalunya en 1983 consolidó la importancia comercial de Vilassar como centro de distribución.

El propio mercado explica que el sector empezó a desarrollarse en Vilassar de Mar durante la primera mitad del siglo XX y que la gran expansión llegó durante los años sesenta, cuando la flor del Maresme adquirió presencia en el mercado europeo.

La historia no se limitó a los agricultores. También aparecieron cooperativas y estructuras de comercialización.

Un ejemplo es Florimar, la Sociedad Cooperativa del Campo Floricultores de la Maresma, creada en 1949 por 25 productores de claveles. Su finalidad era organizar la producción, comercialización y distribución de las flores. La cooperativa llegó a reunir centenares de floricultores durante su época de mayor expansión.

Durante décadas, los invernaderos y campos de flores fueron una parte característica del paisaje de Vilassar y de otros municipios cercanos.

Vilassar de Dalt y Premià: el paisaje floral del Maresme

La historia de la floricultura no debe limitarse a Vilassar de Mar.

Vilassar de Dalt, situado inmediatamente tierra adentro, formó parte de este territorio agrícola especializado. La relación entre los municipios de la zona se produjo tanto por proximidad geográfica como por las redes de producción y comercialización de flor y planta ornamental.

También Premià de Mar y Premià de Dalt estuvieron vinculados a esta transformación agrícola.

En Premià de Mar, la desaparición progresiva de cultivos tradicionales después de la crisis de la filoxera favoreció la expansión de nuevas producciones. El cultivo de flores se fue incorporando a una agricultura cada vez más intensiva y orientada a los mercados.

Por este motivo, cuando hablamos de la «rosa de Vilassar», en realidad debemos entenderla dentro de un paisaje floral mucho más amplio: el Maresme.

¿Por qué el Maresme es adecuado para cultivar rosas?

El territorio reúne varias características interesantes para la producción de flor cortada.

Entre ellas están:

  • temperaturas relativamente suaves por la influencia mediterránea;

  • abundante luminosidad;

  • proximidad al mar;

  • suelos  con buen drenaje en determinadas zonas;

  • disponibilidad histórica de agua de pozos;

  • proximidad a Barcelona y a importantes vías de transporte;

  • tradición agrícola y conocimiento especializado;

  • desarrollo de invernaderos y sistemas de producción protegida.

La documentación sobre la producción de rosas del Maresme destaca precisamente la combinación de temperaturas suaves, luminosidad, drenaje del suelo y características del agua como factores favorables para la producción floral.

Esta combinación permitió producir flores destinadas tanto al mercado catalán como a otros mercados europeos.

La rosa del Maresme y Sant Jordi

Si existe una fecha inseparable de la rosa en Cataluña, esa fecha es Sant Jordi, el 23 de abril.

La rosa se convirtió en uno de los grandes símbolos de esta celebración y durante décadas la producción catalana tuvo un papel muy importante para abastecer la demanda.

En los años setenta, el Maresme llegó a abastecer una parte extraordinariamente importante de las rosas comercializadas durante Sant Jordi. Un estudio reciente sobre la evolución de la rosa catalana señala que en aquella época la comarca podía llegar a abastecer alrededor del 80 % de la demanda catalana para la festividad.

Pero el mercado ha cambiado radicalmente.

La producción de rosas se ha visto sometida a una fuerte competencia de flores procedentes de países con grandes explotaciones especializadas y costes de producción diferentes.

Según datos publicados en 2025, la cantidad de rosas catalanas comercializadas para Sant Jordi se había reducido enormemente respecto a las décadas anteriores, y la producción local había quedado concentrada en un número reducido de agricultores.

Esto convierte a la rosa cultivada en el Maresme en algo más que una flor: es también parte del patrimonio agrícola de la comarca.

La desaparición progresiva de los grandes campos de rosas

Durante la segunda mitad del siglo XX, el Maresme llegó a contar con cientos de explotaciones dedicadas a flores y plantas ornamentales.

Con el tiempo, sin embargo, muchos terrenos agrícolas fueron vendidos para la construcción, mientras que los productores tuvieron que hacer frente a costes laborales, energía, agua, instalaciones, competencia internacional y cambios en los hábitos de consumo.

La superficie dedicada a flor cortada disminuyó considerablemente.

Aun así, la tradición no ha desaparecido completamente.

En 2025 todavía se documentaba la existencia de productores de rosas en el Maresme, aunque en una escala muy inferior a la de décadas anteriores.

Por eso comprar una rosa cultivada localmente puede tener un significado añadido: además de adquirir una flor, se está manteniendo una pequeña parte de una tradición agrícola que durante décadas fue fundamental para la economía de la comarca.

¿Qué tipos de rosas se cultivan?

Cuando hablamos de «rosas» podemos estar hablando de plantas de jardín, rosales trepadores, rosales históricos o rosas destinadas a flor cortada.

Para entenderlas mejor podemos dividirlas en varios grandes grupos.

Rosas híbridas de té

Son algunas de las rosas más conocidas en floristería.

Producen flores generalmente grandes, elegantes y con tallos largos, por lo que son especialmente apreciadas para ramos.

Son las rosas que muchas personas imaginan cuando piensan en una rosa roja clásica.

Pueden encontrarse en infinidad de colores:

  • rojo;

  • blanco;

  • rosa;

  • amarillo;

  • naranja;

  • crema;

  • salmón;

  • granate;

  • tonos combinados.

Rosas floribunda

Las floribunda producen grupos de flores y suelen ofrecer una floración abundante.

Son especialmente interesantes para jardines porque permiten conseguir una gran cantidad de color durante la temporada.

Rosales trepadores

Los rosales trepadores pueden utilizarse para tapar:

  • pérgolas;

  • muros;

  • vallas;

  • arcos;

  • fachadas;

  • estructuras de jardín.

En un jardín mediterráneo pueden crear imágenes espectaculares cuando se combinan con piedra, madera o plantas aromáticas.

Rosales arbustivos

Son rosales de porte más natural que pueden utilizarse como ejemplares aislados o formando grupos.

Algunas variedades modernas tienen además una floración muy prolongada.

Rosales miniatura

Son variedades de pequeño tamaño especialmente apropiadas para:

  • terrazas;

  • balcones;

  • patios;

  • macetas;

  • pequeños jardines.

Permiten disfrutar de un rosal incluso cuando no se dispone de terreno.

Rosas antiguas e históricas

Las rosas antiguas tienen un interés especial para los aficionados a la jardinería histórica.

Muchas poseen flores muy perfumadas y formas diferentes de las rosas comerciales modernas.

Algunas recuerdan visualmente a las rosas de jardines tradicionales y pueden ser especialmente interesantes en proyectos de recuperación de jardines históricos.

¿Cómo se cultiva un rosal en el Maresme?

El clima mediterráneo puede ser favorable para los rosales, aunque hay que prestar atención al calor, al riego y a las enfermedades fúngicas.

Un rosal necesita principalmente:

  • mucha luz;

  • suelo fértil;

  • buen drenaje;

  • riego regular;

  • circulación de aire;

  • abonado adecuado;

  • poda según el tipo de rosal.

En una parcela del Maresme, el drenaje es especialmente importante. Un suelo que retenga demasiada agua puede perjudicar las raíces.

En maceta, conviene utilizar un recipiente suficientemente profundo y un sustrato de calidad que permita evacuar el exceso de agua.

Primavera

La primavera es uno de los momentos de mayor actividad.

El rosal empieza a producir nuevos brotes y hojas y aumenta progresivamente la necesidad de agua y nutrientes.

También es una época adecuada para observar la aparición de pulgones y otras plagas.

Verano

Durante el verano mediterráneo el principal problema puede ser el estrés provocado por las altas temperaturas.

Es preferible realizar riegos profundos cuando sean necesarios en lugar de pequeños riegos superficiales excesivamente frecuentes.

Un acolchado alrededor de la planta puede ayudar a mantener la humedad y reducir la temperatura del suelo.

Otoño

Después del calor intenso, muchos rosales pueden ofrecer nuevas floraciones.

Es una época especialmente interesante para observar el comportamiento de variedades que producen varias floraciones al año.

Invierno

El crecimiento se ralentiza y llega el momento de realizar determinadas podas, dependiendo del tipo de rosal.

En ejemplares jóvenes también es conveniente comprobar que las raíces no permanecen encharcadas después de periodos de lluvia.

¿Dónde se comercializan las rosas del Maresme?

Históricamente, una parte muy importante de la comercialización pasó por el Mercat de Flor i Planta Ornamental de Catalunya, en Vilassar de Mar, que se convirtió en uno de los grandes centros de distribución de flor y planta ornamental.

La documentación histórica sobre las rosas de Sant Jordi también señala la importancia de este mercado y de Mercabarna en la distribución de rosas hacia floristas y otros puntos de venta.

Actualmente el sistema es más complejo.

Las rosas pueden llegar al consumidor a través de:

  • floristerías;

  • mercados y ferias;

  • venta directa del productor;

  • mayoristas;

  • establecimientos especializados;

  • campañas de Sant Jordi;

  • tiendas online;

  • servicios de entrega a domicilio.

En Vilassar de Mar, además, la tradición continúa siendo visible durante Sant Jordi. En 2025 el Ayuntamiento autorizó puestos de venta de rosas y libros y programó diferentes espacios para la venta de rosas durante la Diada.

En Vilassar de Dalt también continúa la tradición de las paradas de rosas durante Sant Jordi; en 2026 la plaza de la República Catalana volvió a juntar comercios, entidades y puestos de libros y rosas.

¿Se pueden comprar rosas online en Vilassar de Mar?

Sí.

La compra de rosas en el Maresme ya no depende exclusivamente de acudir físicamente a una floristería.

Existen comercios que permiten realizar el pedido por internet y recibir las flores a domicilio.

Por ejemplo, https://www.florscatalunya.cat/ tiene su establecimiento en Vilassar de Mar y ofrece compra online y servicio de envío de flores.

En Vilassar de Dalt también existen servicios de floristería con entrega a domicilio, como la red  https://www.interflora.es/floristerias/cataluna/vilassar-de-dalt/.

Por tanto, actualmente encontramos las dos posibilidades: compra presencial y compra online.

La diferencia importante está en el origen de la rosa. Comprar online no significa necesariamente que la rosa haya sido cultivada en el Maresme. Si se busca específicamente una rosa local, conviene preguntar a la floristería o al productor por su procedencia.

¿Dónde comprar rosas en persona?

Para quien quiera comprar personalmente, existen varias posibilidades.

La primera son las floristerías de Vilassar de Mar, Vilassar de Dalt, Premià y otros municipios del Maresme.

La segunda son las campañas especiales de Sant Jordi, cuando aparecen infinidad de puestos temporales de venta.

Y la tercera es el entorno profesional del Mercat de Flor i Planta Ornamental de Catalunya.

Hay que tener en cuenta que un mercado mayorista no funciona necesariamente como una floristería abierta al público general. Por ello, antes de desplazarse es recomendable comprobar las condiciones de venta y si el establecimiento concreto realiza venta directa.

La rosa catalana frente a la rosa importada

Esta cuestión es fundamental cuando hablamos de la rosa del Maresme.

Actualmente una rosa vendida en Cataluña puede proceder de diferentes lugares del mundo.

Las grandes zonas internacionales de producción de flor cortada incluyen países como:

  • Ecuador;

  • Colombia;

  • Kenia;

  • Etiopía;

  • Países Bajos.

Estas producciones compiten con la rosa catalana en precio, volumen y disponibilidad durante todo el año.

La producción local, por su parte, tiene otras características: proximidad, tradición, menor distancia entre productor y consumidor y una conexión directa con el territorio.

En este contexto, comprar una rosa cultivada en el Maresme supone apoyar una actividad agrícola local que ha experimentado una fuerte reducción durante las últimas décadas.

¿Cómo saber si una rosa es realmente del Maresme?

No siempre resulta evidente.

El hecho de comprar una rosa en una floristería de Vilassar o de Premià no significa necesariamente que haya sido cultivada allí.

Si se busca una rosa local, lo más recomendable es preguntar:

¿De dónde procede esta rosa?

Y, si es importante para el comprador:

¿Está cultivada en Cataluña o en el Maresme?

Durante Sant Jordi esta pregunta adquiere especial importancia, porque la oferta combina producción local e importada.

El color de las rosas y su simbología

La simbología de las flores no es una ciencia y tampoco existe un significado universal para cada color.

Las asociaciones dependen de la cultura, la época y las tradiciones florales.

Aun así, algunas interpretaciones están muy extendidas.

Rosa roja: amor y pasión

Es probablemente el símbolo floral más reconocido.

La rosa roja se asocia tradicionalmente con:

  • amor;

  • pasión;

  • deseo;

  • romanticismo;

  • intensidad.

En Sant Jordi es el color clásico y el más estrechamente relacionado con la tradición.

Rosa rosa: cariño y admiración

Los tonos rosas suelen transmitir una emoción más delicada.

Pueden asociarse con:

  • cariño;

  • ternura;

  • admiración;

  • gratitud;

  • afecto.

Es una alternativa apropiada cuando se quiere regalar una rosa sin el carácter romántico tan marcado del rojo.

Rosa blanca: pureza y elegancia

La rosa blanca suele relacionarse con:

  • pureza;

  • serenidad;

  • elegancia;

  • respeto;

También aparece frecuentemente en celebraciones y ceremonias.

Rosa amarilla: amistad y alegría

El amarillo transmite luminosidad y energía.

Tradicionalmente se asocia con:

  • amistad;

  • alegría;

  • optimismo;

  • celebración;

  • afecto.

Es un color especialmente apropiado para regalar a un amigo o para celebrar una ocasión alegre.

Rosa naranja: entusiasmo y energía

Las rosas naranjas suelen interpretarse como una expresión de:

  • entusiasmo;

  • vitalidad;

  • admiración;

  • energía;

  • deseo de celebrar.

Son especialmente llamativas en composiciones modernas.

Rosa melocotón: gratitud y delicadeza

Los tonos melocotón y salmón tienen una simbología más suave.

Pueden transmitir:

  • agradecimiento;

  • simpatía;

  • calidez;

  • elegancia;

  • afecto.

Rosa lila o violeta: misterio y sofisticación

Las rosas violetas y lilas se asocian frecuentemente con:

  • misterio;

  • fascinación;

  • originalidad;

  • sofisticación;

  • distinción.

Son una opción interesante para alguien que busca una flor diferente de la clásica rosa roja.

Rosa verde: naturaleza y renovación

Las rosas verdes son poco habituales y tienen una fuerte presencia ornamental.

Su simbolismo suele relacionarse con:

  • naturaleza;

  • renovación;

  • equilibrio;

  • esperanza;

  • crecimiento.

Rosas bicolores

Las rosas con varios colores pueden transmitir una idea de personalidad, originalidad y complejidad.

Son especialmente interesantes para composiciones florales contemporáneas.

La rosa de Sant Jordi

En Cataluña, la rosa posee además un significado que supera ampliamente el lenguaje floral internacional.

Es uno de los grandes símbolos de Sant Jordi, una de las celebraciones culturales más características del país.

La tradición de regalar rosas durante Sant Jordi tiene una larga historia y se consolidó especialmente durante el siglo XX.

La combinación de libro y rosa convirtió esta flor en un elemento cultural profundamente vinculado a Cataluña.

En municipios como Vilassar de Mar y Vilassar de Dalt, la celebración mantiene además una conexión especialmente interesante con la propia historia agrícola de la comarca: durante décadas, buena parte de la economía local estuvo relacionada con la producción de flores.

Una rosa puede contar la historia de todo un territorio

La historia de la rosa en el Maresme no puede entenderse únicamente desde la jardinería.

Es también una historia de agricultores, familias, cooperativas, invernaderos, mercados, exportaciones y transformación urbanística.

Vilassar de Mar fue uno de los principales centros de esta actividad y el Mercado de Flor y Planta Ornamental se convirtió en una pieza fundamental para la comercialización de flores y plantas.

El paisaje también cambió.

Los campos de flores que durante décadas caracterizaron buena parte del Maresme fueron reduciéndose a medida que aumentó la urbanización y disminuyó la rentabilidad de determinados cultivos.

Y, sin embargo, la rosa continúa apareciendo cada primavera en las calles.

Cada 23 de abril, las paradas de Sant Jordi recuerdan que detrás de una flor aparentemente sencilla existe una historia agrícola de más de un siglo.

La rosa del Maresme hoy

La producción de rosas en el Maresme ya no tiene la dimensión que alcanzó durante sus décadas de esplendor.

Pero la tradición permanece.

Permanece en los agricultores que todavía cultivan flor cortada, en el Mercado de Vilassar, en las floristerías, en los jardines particulares, en las celebraciones de Sant Jordi y en la memoria de las generaciones que crecieron rodeadas de invernaderos.

Los datos más recientes publicados sobre la campaña de Sant Jordi reflejan precisamente la situación contradictoria actual: la rosa catalana es mucho menos abundante que décadas atrás, pero todavía existen productores que mantienen esta actividad.

Por este motivo, cuando compramos una rosa cultivada en el Maresme, estamos comprando algo más que una flor.

Estamos comprando una pequeña parte de la historia agrícola de Vilassar de Mar, Vilassar de Dalt, Premià, Cabrils, Cabrera y de todo el Maresme.

Y quizá esa sea una de las razones por las que la rosa continúa siendo una flor tan especial.

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